Tolerancia a la frustración.

Tener herramientas y estrategias para tolerar adecuadamente los desafíos y dificultades que se nos presentan día a día no es fácil. Requiere de un trabajo de toda la vida, y de constante aprendizaje.

Acompañar a nuestros/as hijos/as a tolerar su frustración podría llegar a ser altamente demandante y exigente, en especial cuando como padres o cuidadores no contamos con esa capacidad.

Todos los días nos enfrentamos a desafíos, frente a los cuales tenemos infinitas posibilidades de actuar. Mantener la calma y perseverar para lograr una solución o enfrentar el desafío requiere de capacidades.

Lo primero, es que seamos conscientes de las características de la persona en quién queremos trabajar la tolerancia a la frustración. Esto ya que la capacidad dependerá de la etapa de vida, temperamento, personalidad, educación y experiencias entre otros. Entonces, reconocer y ser consciente de todas estas características tuyas o de tu hijo/a es fundamental.

Lo segundo, es que es una capacidad que al ser trabajada, se mejora y fortalece.

Si te pones en el lugar de tu hijo/a y piensas en los desafíos y dificultades que el o ella enfrenta a diario, podrían parecerte insignificantes, pero la verdad es que son igual de válidos que los tuyos. Enfrentar un mundo que no está diseñado para el tamaño, desarrollo e intereses infantiles es duro. No poder satisfacer tus propias necesidades y depender de un otro (que muchas veces no cuenta con las herramientas adecuadas) para obtener comida, calor o bienestar.

Aprender técnicas de relajación: Las técnicas de relajación, como la respiración profunda, la meditación o el yoga, pueden ayudarnos a reducir el nivel de estrés y la ansiedad ante situaciones problemáticas.

Aceptar las emociones negativas: Aceptar y comprender nuestras emociones negativas es fundamental para desarrollar una mayor tolerancia a la frustración. En lugar de reprimirlas o negarlas, podemos aprender a aceptarlas y afrontarlas de manera saludable.

Practicar la resiliencia: La resiliencia es la capacidad para adaptarse a situaciones difíciles y superarlas. Practicar la resiliencia implica aprender de las experiencias negativas y buscar soluciones creativas ante los problemas.

Pedir ayuda profesional: Si la baja tolerancia a la frustración está afectando significativamente tu calidad de vida, es recomendable buscar ayuda profesional. Los psicólogos y psiquiatras pueden ayudarte a identificar las causas subyacentes de tu falta de tolerancia a la frustración y a desarrollar estrategias personalizadas para mejorarla.

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